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Jueves, 28 de Agosto de 2008
Origenes Historicos

Congregación de Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús

La historia del Colegio Santa Rosa está íntimamente vinculada a la Congregación de las Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús. El punto de referencia obligado es, sin lugar a dudas, la figura de Elmina Paz de Gallo, mujer de profunda religiosidad que pertenecía a la élite tucumana.
La epidemia del cólera que se abatió en Tucumán en 1886, fue especialmente cruenta en virtud de las condiciones de vida de los sectores populares y del precario sistema urbano, que no contaba aún con un servicio de aguas corrientes. El saldo más elocuente de los estragos del cólera se reflejó en el inusitado incremento de la cantidad de niños huérfanos y abandonados.
En 1886 la provincia carecía de una casa de niños expósitos, por lo que la afligente situación de los huérfanos generados por la epidemia, adquirió una singular relevancia para el Estado y para la sociedad. En tales circunstancias, Elmina Paz de Gallo, alentada por el fraile dominico Angel Boisdron, su confesor y director espiritual, decidió convertir su vivienda de la calle 24 de Setiembre al 500, de San Miguel de Tucumán, en asilo para acoger a estos niños. Para ese entonces, Elmina era viuda y había perdido a su única hija que falleció a los tres años de edad. Su decisión generó la adhesión de un grupo de mujeres de la élite, que secundaron de manera entusiasta tal iniciativa. Hasta entonces su comportamiento se encuadraba dentro del modelo que la Iglesia tenía reservado a las mujeres devotas; no obstante, profundizó este rol dedicándose íntegramente a la atención de los huérfanos y consagrándose posteriormente a la vida conventual.
En consecuencia, el asilo Santísimo Nombre de Jesús fue el primer orfanato que se formó en la provincia y comenzó a funcionar el 28 de diciembre de 1886 albergando a 60 menores de ambos sexos.
En forma simultánea a esta acción caritativa, este grupo de mujeres intensificó su inquietud espiritual y decidió asumir la vida religiosa. En función de este objetivo se resolvió formar una congregación de "votos simples" que preveía un tipo de vida mixto, contemplativa y activa. De modo que, era la actividad caritativo-asistencial, en este caso el cuidado de los huérfanos, una de las dimensiones centrales que estructuró la vida religiosa. En este sentido, la congregación tucumana, formaba parte de un movimiento de fundaciones y de reproducción de filiales, que imprimieron un giro decisivo al papel desempeñado por las religiosas en el cuerpo de la Iglesia durante la segunda mitad del siglo XIX.

(Fuente: Bravo, Maria Celia. "Los cien años del Colegio Santa Rosa, la historia del encuentro entre tradición e innovación". Ed. Colegio Santa Rosa. 2002. Pag. 15)

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Vínculos


Elmina Paz - Gallo

Elmina nació en la ciudad de Tucumán, el 10 de Septiembre de 1833, hija de Don Manuel Paz y Doña Dorotea Terán. Contrae matrimonio a la edad de 24 años, con Napoleón Gallo, hombre de fuerte militancia política, nacido en la provincia de Santiago del Estero, ciudad en la que vivieron durante siete años. Su esposo muere el 1 de Junio de 1886, a la edad de sesenta y siete años, luego de una larga y penosa enfermedad, durante la cual Elmina lo cuidó y acompañó permanentemente.
En "el gesto simple, grande y magnífico con que abrió su casa" a las víctimas más pequeñas del cólera, podemos sintetizar su herencia espiritual.
El dominico, Fray Angel María Boisdron, estaba desesperado por encontrar algún alivio a la situación y fue en búsqueda de la ayuda de Elmina, ella respondió con estas palabras:
"Mi padre, a los niños pobres los ayudaré no sólo con dinero, sino con mi vida toda. Yo los cuidaré, mi casa será la de ellos".
Con el gesto de abrir su casa, nos enseña a escuchar hoy la llamada de dolor de los que nos rodean y a escribirlo en nuestro corazones, comprometiéndonos con ellos.

(Fuente: Hna María Haydée Herrera - Lic. en Teología)

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Orígenes Las Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús.

El verano de 1886-87 encontró a Tucumán en una crisis sanitaria provocada por la epidemia del cólera que afectó a toda la población, especialmente a los sectores populares y rurales .
La magnitud del flagelo superó las posibilidades de control del Estado provincial, por lo que resultó fundamental para superar la crisis, la ayuda del gobierno nacional y la participación de instituciones y vecinos de la ciudad. En esta circunstancia la Iglesia local se abocó a la tarea de asistencia en favor de los damnificados sin que se pudiera resolver el problema de atención de las víctimas pequeñas.
La urgencia por solucionar el vacío institucional y encontrar un lugar adecuado para atender a los huérfanos, motivó al fraile dominico Angel María Boisdron, a que solicitara ayuda para los niños, a Elmina Paz de Gallo, quien a pesar de su reciente viudez no dudó en disponer de sus bienes, transformar su vivienda para acoger a los necesitados y aún más, asumir personalmente el cuidado de los huérfanos. Cuando Elmina Paz dio inicio a su obra, transformando su vivienda en asilo el 28 de diciembre de 1886, respondió mucho más allá de lo esperado. "No sólo con mi dinero sino con mi vida toda ayudaré a estos niños huérfanos... Mi casa será la de ellos..." , fueron las palabras que dirigió a Fr. Ángel María Boisdron, expresando el deseo más profundo de su corazón.
Este hecho generó, entre los miembros de la élite tucumana, opiniones contrapuestas. Hubo quienes consideraron que tal desempeño era indigno para una mujer de su clase, puesto que tradicionalmente las damas tucumanas se limitaban a gestionar y administrar los recursos destinados a las obras de caridad, pero no asumían la ejecución directa de las tareas y menos aún el contacto personal con las personas necesitadas. Sin embargo, la resolución de Elmina Paz de hacerse cargo de la atención de los huérfanos, despertó la adhesión de un sector importante de la sociedad, especialmente de un grupo de jóvenes mujeres que se incorporaron a las cada vez más exigentes tareas que demandaba la obra. El acelerado incremento del número de huérfanos -en febrero sumaban casi un centenar- planteó la necesidad de la continuidad del asilo para asegurar el futuro de los niños una vez superada la crisis.
La experiencia caritativa profundizó el fervor religioso que animaba al grupo de mujeres provocando un giro vocacional que las llevaría a radicalizar sus vidas a través de una opción conventual que dio origen a la fundación de la congregación de "Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús". En menos de seis meses de fundado el Asilo de Huérfanos se solicitaron los permisos eclesiásticos para fundar la congregación y el 17 de junio de 1887 comenzó la formación de las 12 postulantes bajo la dirección de Boisdron. El 15 de enero de 1888 realizaron los primeros votos temporales y tres años más tarde los votos perpetuos. La Congregación fue afiliada a la Orden Dominicana el 4 de Julio de 1888 y aprobada por la Santa Sede el 7 de septiembre de 1910.
Esta iniciativa femenina, tan propia del siglo XIX de congregarse bajo un objetivo religioso, generó en Tucumán, un nuevo espacio para las mujeres católicas que les propició no sólo la vía para asumir la radicalidad evangélica, sino que también se constituyó en un ámbito específico de participación en la esfera social, con los rasgos propios que propone la caridad y el servicio a los sectores más vulnerables.
Desde sus orígenes la Congregación asume el carisma dominicano, abriéndose a así a la experiencia de un proyecto de búsqueda de la verdad y vivencia de la compasión, que la fue conduciendo a comprometerse en distintos lugares de predicación. Ya en 1890 Elmina Paz-Gallo escribía a Fr. Ángel María Boisdron en estos términos:
"Además de nuestra misión con los huérfanos y escuelas de pobres puede usted aumentar las cosas que le parezcan convenientes podríamos hacer en otro tiempo para dar más gloria a Nuestro Señor". Por otra parte, en las primeras Constituciones se afirmaba lo siguiente:
"Cuidar a los huérfanos víctimas de la epidemia, fue la primera labor, en la que se les señaló su apostolado de caridad para con los pequeños, los humildes y los desamparados... Si alguna vez el Padre celestial las llamara a la enseñanza superior de la juventud u otras tareas, las aceptarán, pero sin renunciar jamás el carácter de sus principios, que les da un rasgo de semejanza con Aquel que quiso evangelizar a los pobres."
Nuestra Congregación fue ampliando en los años siguientes a su fundación los servicios a la comunidad en distintos puntos de Argentina y más tarde en otros países. Se abrieron nuevos hogares para niños huérfanos y colegios. Se descubrieron nuevos modos de presencia como consagradas, entre los jóvenes, los campesinos, indígenas, los pobres y marginados, chicos de la calle, investigadores y estudiantes universitarios, entre mujeres que luchan por su dignidad, en la búsqueda de diálogo con las diferentes culturas, las Iglesias cristianas y las diversas experiencias religiosas.
Muchas mujeres y varones laicos, se sumaron a esta aventura, de vivir el sueño de Elmina, Ángel María, sus amigas y amigos. Hoy la Congregación busca continuar este proyecto de verdad y compasión, según se expresa en el himno a nuestra madre Elmina:

"Y mientras haya algún gemido de dolor
alguna voz que reclame verdad
esa será la razón
de continuar lo que ella empezó".

1.-Alberti, Tomasa. Vida de Sor María Dominga del Santísimo Sacramento Paz - Gallo, pag.19
2.-Idem pag.28
3.-Primeras Constituciones de las Hermanas Dominicas, 1893, pp. 2-3

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Fundadores

Elmira Paz Gallo y un grupo de huerfanas





















































Elmina Paz en su juventud
















Orígenes Las Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús.










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