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“Francisco: una  suave brisa de la mañana que nos anima a pensar con esperanza cada nuevo día”

“Francisco: una suave brisa de la mañana que nos anima a pensar con esperanza cada nuevo día”

Como lo dice el texto del libros de los Reyes (1 reyes 19,13) “el Señor se expresa como una brisa suave que acaricia el rostro y anima el alma”.
El nuevo Papa, **Jorge Bergoglio**, pidió llamarse **“Francisco”**, un nombre que no había sido nunca utilizado y que tiene un gran valor simbólico.
Como él mismo señaló, el nombre se inspira en San Francisco de Asís, el santo de los pobres, quien en tiempos del Medioevo, se dedicó por entero a predicar el evangelio en su forma más simple: con su vida.
El nombre Francisco evoca, en ámbitos eclesiales y espirituales, varios significados hondamente representativos para nuestros tiempos:

– Francisco es el hombre de la fraternidad
– Francisco es el hombre de oración e intimidad con Dios
– Francisco es el hombre que opta por los pobres
– Francisco es el hombre de una vida austera
– Francisco es el hombre en comunión con la naturaleza
– Francisco es el hombre al que Dios pide “reconstruir su Iglesia”

Francisco es para la Iglesia de hoy una expresión de esa brisa suave de la mañana que nos anima a pensar con esperanza un nuevo día, es la brisa fresca que despierta, que despabila y nos moviliza a ponernos en camino como Iglesia. Francisco es para nosotros hoy un pastor para la Iglesia universal que abreva la experiencia de fe del pueblo latinoamericano, es un don del Espíritu y muestra, en el corazón del mismo, una apertura y una valoración que seguramente enriquecerá a la Iglesia toda.

Dicen los que conocieron personalmente a Jorge Bergoglio que era común que se despidiera pidiéndole a su interlocutor que orara por él. Fue lo primero que le pidió al pueblo de Roma y a toda la Iglesia, al presentarse como el Papa elegido. Somos conscientes de que la Iglesia como institución que tiene dos milenios de historia, no puede cambiar todo con una sola persona, sabemos que los cambios duraderos son procesos colectivos; pero creemos que algunos liderazgos eficaces y llenos del Espíritu pueden lograr cambios renovadores y abrir caminos fecundos (Juan XXIII – Concilio Vaticano II).

Por eso, con profunda alegría y con gran esperanza de que nuestra amada Iglesia sea cada vez más fiel en la construcción del reino, nos sumamos al pedido del Papa Francisco a orar por Él y por la Iglesia para que se deje envolver por la brisa suave de la mañana que anuncia también un tiempo nuevo, un nuevo tiempo que comienza.

**Orar por el Papa, orar por la Iglesia**.

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