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Centenario del fallecimiento de Madre Elmina: 2011 un año para hacer memoria de nuestra fundadora

Centenario del fallecimiento de Madre Elmina: 2011 un año para hacer memoria de nuestra fundadora

##ELMINA PAZ DE GALLO

10 de Septiembre de 1833- 2 de Noviembre de 1911

Elmina Paz de Gallo nació en la ciudad de Tucumán, el 10 de Septiembre de 1833, hija de Manuel Paz y Dorotea Terán. Contrajo matrimonio a la edad de 24 años, con Napoleón Gallo, hombre de fuerte militancia política, nacido en la provincia de Santiago del Estero, ciudad en la que vivieron durante siete años. Fruto de este matrimonio, fue su hija María Jesús, quien murió a los tres años de edad.

Acompañó a su esposo en las vicisitudes de la inestable vida política de la segunda mitad del siglo XIX. Napoleón Gallo, murió el 1 de Junio de 1886, a la edad de sesenta y siete años, luego de una larga y penosa enfermedad.

Elmina se caracterizó por un profundo sentido de solidaridad, su casa estaba abierta a todo pobre, se preocupaba por todo abandonado de la sociedad, mendigos, enfermos, ancianos, huérfanos. Se comprometió en numerosas asociaciones caritativas, espacios en donde asumió un gran protagonismo.

El verano de 1886-87 encontró a Tucumán en una crisis sanitaria provocada por una epidemia del cólera que afectó a toda la población, especialmente a los sectores populares y rurales. La magnitud del flagelo superó las posibilidades de control del Estado provincial. La Iglesia local y diversas asociaciones se abocaron a la tarea de asistencia en favor de los damnificados, sin que se pudiera resolver el problema de atención de las víctimas pequeñas.

La urgencia por solucionar el vacío institucional y encontrar un lugar adecuado para atender a los huérfanos, motivó al fraile dominico Ángel María Boisdron, a que solicitara ayuda para los niños, a Elmina Paz de Gallo, quien a pesar de su reciente viudez no dudó en disponer de sus bienes, transformar su vivienda para acoger a los necesitados y aún más, asumir personalmente el cuidado de los huérfanos.

Cuando Elmina Paz dio inicio a su obra, transformó su vivienda en asilo el 28 de diciembre de 1886, respondió mucho más de lo esperado. . “No sólo con mi dinero sino con mi vida toda ayudaré a estos niños huérfanos… Mi casa será la de ellos…”, fueron las palabras que dirigió a Fr. Ángel María Boisdron, expresando el deseo más profundo de su corazón. La resolución de Elmina Paz de hacerse cargo de la atención de los huérfanos, despertó la adhesión de un sector importante de la sociedad, especialmente de un grupo de jóvenes mujeres que se incorporaron a las cada vez más exigentes tareas que demandaba la obra. El acelerado incremento del número de huérfanos –en febrero sumaban casi un centenar– planteó la necesidad de la continuidad del asilo para asegurar el futuro de los niños una vez superada la crisis.

Este hecho generó, entre los miembros de la élite tucumana, opiniones contrapuestas. Sin embargo, la resolución de Elmina Paz de hacerse cargo de la atención de los huérfanos, despertó la adhesión de un sector importante de la sociedad tucumana, especialmente de un grupo de jóvenes mujeres que se incorporaron a las cada vez más exigentes tareas que demandaba la obra. El rápido aumento del número de huérfanos planteaba la necesidad de la continuidad del asilo para asegurar el futuro de los niños una vez superada la crisis.

La experiencia caritativa de las mujeres dio un giro hacia la vida consagrada, dando así origen a la fundación de la congregación de “Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús”. En menos de seis meses de fundado el Asilo de Huérfanos se solicitaron los permisos eclesiásticos para fundar la congregación y, el 17 de junio de 1887 comenzó la formación de las 12 postulantes bajo la dirección de Boisdron. La Congregación fue afiliada a la Orden Dominicana el 4 de Julio de 1888 y aprobada por la Santa Sede el 7 de septiembre de 1910.

Elmina Paz expresó una existencia llena de sentido, comprometiéndose siempre con las necesidades de los demás. Esta nueva congregación religiosa comenzó a recibir solicitudes de apertura de Asilos y Colegios en otras ciudades del país, Monteros (Tucumán), Santiago del Estero, Rosario, Santa Fe y Buenos Aires; ante la necesidad de solucionar los problemas vitales de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Desde sus orígenes la Congregación asume el carisma dominicano, realizando un proyecto de búsqueda de la verdad y vivencia de la compasión, asumiendo compromisos en distintos lugares de predicación. Ya en 1890 Elmina Paz-Gallo escribía a Fr. Angel María Boisdron en estos términos: “Además de nuestra misión con los huérfanos y escuelas de pobres puede usted aumentar las cosas que le parezcan convenientes podríamos hacer en otro tiempo para dar más gloria a Nuestro Señor”. Por otra parte, en las primeras Constituciones se afirmaba lo siguiente: “Cuidar a los huérfanos víctimas de la epidemia, fue la primera labor, en la que se les señaló su apostolado de caridad para con los pequeños, los humildes y los desamparados… Si alguna vez el Padre celestial las llamara a la enseñanza superior de la juventud u otras tareas, las aceptarán, pero sin renunciar jamás el carácter de sus principios, que les da un rasgo de semejanza con Aquel que quiso evangelizar a los pobres.”

Elmina murió en Tucumán el 2 de noviembre de 1911 y fue reconocida como una santa.

Hoy buscamos continuar este proyecto de verdad y compasión, según se expresa en el himno a la Madre Elmina:

“Y mientras haya algún gemido de dolor
alguna voz que reclame verdad
esa será la razón
de continuar lo que ella empezó”

En su memoria se creó en el año 2006 el Museo-Archivo Elmina Paz- Gallo, que cuenta con un rico patrimonio de objetos que recrean la vida cotidiana tucumana de fines de siglo XIX y principios del XX y constituye un valioso aporte para la memoria de la provincia y del país.

El itinerario espiritual de Elmina Paz, es considerado como una de las más ricas tradiciones espirituales que Tucumán ha generado. El 5 de abril de 2010, mediante la promulgación de la Ley Nº 8266, la Legislatura de la Provincia determinó incorporar su nombre al Calendario Escolar.

A 100 años de su partida, sus palabras y sus gestos siguen vivos entre nosotros, animándonos a mantener vigente la utopía de hacer posible el Reino de Dios en nuestra historia.

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