Los que hemos estado
en ella tenemos guardados en nuestra memoria momentos que nos hablan
del sentido de compartir la vida con otros, de soñar juntos
que el proyecto de Domingo y de Elmina puede hoy ser realidad.
La casa de San Pedro ha ido llenándose de significado año
tras año, para todos los que formamos la comunidad del Colegio
Santa Rosa. En sus jardines muchos nos hemos animado a mirar nuestra
historia como Historia de Salvación, hemos sentido el calor
del abrazo y de la mano abierta que hacen presente a Jesús,
compañero y amigo.
En torno a tantas mesas compartidas hemos encontrado el sentido
de la fraternidad que Domingo soñó para sus hijos,
nos hemos atrevido a vernos a los ojos con la ternura y el amor
que aprendimos de Elmina.
Como comunidad dominica celebramos la vida que nos late dentro,
en torno a la Palabra de Dios que nos abraza y nos impulsa por nuevos
caminos de compromiso y solidaridad, de esperanza y alegría.
La casa que se nos abre generosa, nos invita a abrir nuevas puertas,
a acoger nuevas orfandades, como lo hizo Elmina, para que nadie
se quede fuera, para que todos encuentren un lugar, su lugar.
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